Una cadena de volcanes
Debajo de México, las placas oceánicas de Cocos y Rivera se hunden por debajo de la placa de Norteamérica; a esto se le llama subducción. Ese proceso formó la Faja Volcánica Transmexicana, una franja de volcanes de cerca de 1,000 kilómetros que cruza el país desde el océano Pacífico hasta el Golfo de México.
Ahí se levanta la Sierra Nevada, una cordillera de unos 65 kilómetros formada por los volcanes Tláloc, Telapón, Teyotl, Iztaccíhuatl y Popocatépetl. El Iztaccíhuatl es un volcán enorme, de unos 450 kilómetros cúbicos, que estuvo activo desde hace unos 900,000 años hasta hace unos 80,000. Visto desde el Valle de México, su perfil parece una mujer dormida. No se le conocen erupciones en el Holoceno, la época geológica actual, pero los científicos de la UNAM no lo consideran extinto, sino potencialmente activo.
Un volcán que se construyó por etapas
El Popocatépetl se formó en varias etapas. Primero creció el volcán Nexpayantla, hace alrededor de un millón de años, y una erupción de hace unos 200,000 años derrumbó parte de él. Dentro de lo que quedó se levantó otro volcán, El Fraile, también llamado El Ventorrillo. Hace unos 23,000 años ese cono se colapsó hacia el sur, y después creció el cono que vemos hoy.
Desde entonces ha tenido tres grandes erupciones de tipo pliniano, hace unos 5,000, 2,150 y 1,100 años. El 21 de diciembre de 1994 volvió a hacer erupción. Hoy el CENAPRED lo vigila con un semáforo de alerta volcánica de tres colores, que indica a la población qué hacer en cada nivel: en un radio de 100 kilómetros del cráter viven 25 millones de personas.


